Sobre la caza.
El cazador con dorsal 48, con la mochila escondiendo el numero identificativo del dorsal y con la escopeta cargada en un camino, éste tipo de ilegalidades son normales y sus consecuencias son muy graves, en ocasiones mortales.
Un escritor y filósofo francés dijo "La caza es uno de los medios más seguros para matar los
sentimientos de los hombres para con los semejantes". Así algunos hombres, matando a los animales, consiguen deshacerse de la ira que les domina, y descargar las frustraciones y la agresividad con otros seres vivos que no pueden defenderse de igual manera.
Una verdadera evolución del hombre pasaría por la prohibición de cualquier tipo de actividad cruel hacia los animales. Es necesaria la conciencia por parte de toda la población de que los animales tienen derecho a vivir, y no son meros objetos a nuestro servicio para nuestro goce y disfrute en la comida, al vestirnos o en nuestros ratos de ocio. El ser humano, nosotros, todos, tenemos que evolucionar hacia un mundo en el que sea inconcebible dañar a otro ser, en el que utilicemos nuestra inteligencia, nuestra capacidad de aprendizaje, educabilidad, evolución y adaptación al medio para crear un modo sostenible en el que vivir sin necesitar de la muerte de otros seres vivos, buscando alternativas a la barbarie, encontrando otro modo de relacionarnos con nuestro alrededor.
No debemos olvidarnos de que debemos actuar, ya que al fin y al cabo la humanidad no es algo que se hereda, sino que nuestra verdadera herencia reside en nuestra capacidad para hacernos y rehacernos a nosotros mismos, de evolucionar, de crear algo mejor, de crear. Que no somos criaturas, sino creadores de nuestro propio destino.
Un claro ejemplo de que la evolución está en nuestras manos, de que la respuesta no está más que en nosotros mismos es éste reportaje. El pasado 18 de febrero tuvo lugar en O Carballiño el IV Torneo Nacional de Caza del Zorro. La justificación para esta barbarie apoyada por la Consellería de Medio Ambiente de Galicia es la superpoblación de raposos, y la tradición que supone en la cultura gallega la matanza anual de esta ″alimaña″.
La realidad es que los zorros están en ésta época en plena cría, y son los supervivientes de la oleada de incendios que sufrieron los montes gallegos este pasado verano de 2006.
El torneo reúne a unas 100 cuadrillas que compuestas por diez cazadores, se dispersan por las miles de hectáreas de monte gallego donde los zorros se disponen a dormir, sacándoles de sus madrigueras para matar al mayor número de raposos posible. Luego se les corta la cola, y las cuadrillas las exhiben cómo trofeo ante el resto de participantes de la matanza.
Los cadáveres de las piezas conseguidas se entierran o abandonan sin más.
En esta ocasión varios grupos ecologistas locales apoyados por activistas de distintas ciudades, entre los que se encontraban grupos de Equanimal, se presentaron en los montes de Orense para boicotear el torneo y tratar de evitar la masacre que estaba convocada para aquella mañana de domingo
La presencia de los miembros de Equanimal buscaba varios objetivos. Por un lado se buscaba evitar que se cometiera esta masacre sin que la sociedad fuese consciente de esa barbarie, y para ello había que hacer ruido. Ese objetivo se logro con la masiva presencia de medios de comunicación. Entre los que figuraban los principales canales de Televisión y radio del país.
Por otro lado se pretendía desmantelar el mayor número de cuadrillas de caza. No se pudieron sabotear todas las cuadrillas pero el reto no era fácil: 900 cazadores repartidos en grupos de diez y ocupando un territorio de miles de hectáreas.
La convocatoria fue un éxito y cerca de 200 activistas apoyamos la protesta por este torneo recorriendo los montes haciendo ruido con panderetas, tambores, silbatos y trompetillas. Una muestra más del rechazo cada día mayor hacía este tipo de crueldad hacia otros seres vivos. Fue una protesta emocionante, una experiencia dura y frustrante al ver que a pesar del viaje toda la noche desde Madrid, de la mañana de recorrer el monte, de la protesta ante el restaurante con los cazadores y sus medias sonrisas frente a nosotros a pesar de los nervios, del cansancio, del esfuerzo, de la ilusión y la implicación a pesar de todo 63 zorros murieron aquella mañana.
Pero también fue un rayo de luz en la sombra, un destello de esperanza. No hay que callar y resignarse a lo que unos pocos deciden. Hay que reivindicar nuestro derecho a disfrutar de un mundo sin muertes, sin violencia, sin maltrato animal y masacres injustificadas.
La caza, en teoría, es una actividad que se realiza con un arma con el fin de conseguir alimentos o como -deporte-. Hay dos tipos básicos de caza: con una jauría de perros adiestrados acompañados por cazadores a pie o montados y la que se realiza de forma individual con un arma (rifle o escopeta), con o sin la ayuda de perros adiestrados.
Durante los últimos cincuenta años ha crecido la concienciación de la importancia que tiene la conservación de especies animales que son objeto de caza, al comprobarse que un gran número de animales (como por ejemplo, los tigres, leopardos o rinocerontes) y, en menor medida las aves, están en peligro de extinción. Esto ha llevado a la creación de parques nacionales y reservas, donde las aves están protegidas y la caza controlada. ¿ es esto suficiente? ¿ debemos proteger verdaderamente a los animales?
En la antigüedad, las clases sociales más poderosas de sociedades egipcia, griega o romana disfrutaban de la caza como práctica social y recreativa, cómo deporte. El historiador griego Jenofonte argumentaba que la caza es un bien para la sociedad, ya que proporcionaba salud y bienestar al cazador. Las primeras leyes para la conservación de la caza no se promulgaron hasta el siglo XIII, cuando Kublai Kan prohibió cazar a sus súbditos durante la época de reproducción. A lo largo de la edad media, los señores feudales europeos impusieron restricciones a la caza, estableciendo leyes contra los cazadores furtivos, de manera que la práctica de la caza quedaba limitada a las clases acomodadas y dirigentes. La caza del ciervo con jaurías y caballos y la presa de aves con halcones adiestrados eran pasatiempos populares entre la nobleza de la época.
La caza sin regular con escopetas y rifles se incrementó durante el siglo XIX y amenazó ya con exterminar algunas especies. Los primeros ejemplos ocurrieron en Estados Unidos cuando las garcetas fueron sacrificadas en busca de sus plumas (muy apreciadas en la confección) y manadas de búfalos, que una vez se contaron por millones, fueron virtualmente eliminados por cazadores que intentaban hacer negocio con las pieles y por diversión; en 1895 sólo quedaban 400 búfalos en el país.
Otras especies también se vieron amenazadas por la actividad indiscriminada de los cazadores. Antílopes americanos, venados y cabras montesas fueron exterminados para alimentar a la creciente población del Oeste de Estados Unidos, mientras que en el Este del país la población de aves acuáticas descendió vertiginosamente cuando algunos cazadores llegaron a utilizar cañones que arrasaban bandadas enteras con un solo disparo. Algunas especies, como la paloma silvestre y la hembra del urogallo, se extinguieron. Finalmente la protesta de los ciudadanos forzó a las autoridades estadounidenses a dictar leyes para proteger la vida de los animales.
Uno de los rasgos que caracterizan a la especie humana es su educabilidad, el hecho de que todo lo que sabe y hace como ser humano lo aprende de otros seres humanos, el hecho de ser individuos sociales en constante avance. Y esto lo ha ido aprendiendo a lo largo de sus cuatro millones de años de evolución, a partir del momento en que los hombres abandonaron la vida en los árboles cuando empezaron a escasear a causa del descenso de lluvias, y asentarse en llanuras abiertas donde tenía que cazar para subsistir. En la caza eran muy importantes la cooperación, la capacidad para solucionar rápidamente los problemas imprevistos y la adaptabilidad. Pero los instintos que predeterminaron el comportamiento al principio de la evolución del hombre, no tienen ya ninguna utilidad ni justificación en el nuevo nivel de evolución en el que los seres humanos se encuentran gracias a la adaptación al entorno hecha por el ser humano; en otras palabras, gracias a la cultura.
Pero tras cuatro millones de años de evolución ¿Por qué sigue el mundo tan lleno de agresividad? ¿Por qué son tan frecuentes la hostilidad y la crueldad entre los seres humanos, las guerras, los conflictos y los enfrentamientos? ¿Por qué se amenazan entre sí las naciones? ¿Por qué aumenta la delincuencia prácticamente en todas partes? ¿Pór que se maltrata al más débil? La respuesta más cómoda sería afirmar que el ser humano es un ser imperfecto y agresivo por naturaleza, que culturalmente es así. Además, esta explicación es satisfactoria para casi todo el mundo, porque a quien nace predeterminado no puede culpársele por su forma de comportarse, se desresponsabiliza de sus actos.
Una interpretación como ésta nos hace sentirnos más tranquilos, nos libera de toda culpabilidad, nos exime de la responsabilidad de hacer todo lo que podamos para reducir la violencia que se manifiesta en nuestra convivencia y en el mundo en general.
Pero la mayor cualidad del hombre es su especialidad. Y la especialidad del ser humano es precisamente no ser en absoluto especializado, si no capaz de adaptarse a lo imprevisto, maleable y flexible. Ser capaz de evolucionar adaptándose.
Los hechos demuestran que el ser humano no nace con un carácter agresivo, predispuesto a la violencia, sino con un sistema organizado de tendencias hacia el crecimiento y el desarrollo en un ambiente de comprensión y cooperación. Cuando estas tendencias básicas de comportamiento se frustran, los seres humanos tienden hacia el desorden y a convertirse en las víctimas de los otros humanos igualmente afectados por estos desajustes. Y matan.
Llegados a esta punto de evolución, extraña observar como prácticas tan ancestrales, crueles e injustificadas cómo la caza, siguen ocupando un lugar predominante entre las tradiciones culturales de la sociedad occidental de nuestros días. En lugar de evolucionar hacia un mundo más libre de agresiones hacia el resto de seres vivos con los que convivimos, muchos individuos aún se recrean con la muerte y el sufrimiento de otros seres vivos aprovechándose de su supuesta superioridad intelectual, y asesinando en desigualdad de condiciones sin ningún fin ni justificación, si es que el matar a un ser vivo puede en algún caso tener justificación.
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ROGELIA DE KANTIMPALO